LA CULPA
Algo especial sucedió ese día.
El cosmos había hecho coincidir en el mismo lugar, a una hermosa doncella de rubia cabellera y a éste noble caballero de poca monta.
La faena era larga y agotadora y ella estuvo junto a mí en todo momento. De mi parte no puedo decir que estuve nervioso, rompiendo la norma de toda historia anterior.
Fue agradable y curioso, como si las veces que lo había imaginado, no era más que un deseo pedido a un genio de botella, como si yo tuviera el don de concederme la realización de mis sueños con solo imaginarlos hechos.
Mientras ordenaba mis palabras, en una constante narrativa de momentos hilarantes, exigiendo a mi capacidad creativa, la más agradable de todas las conversaciones, una digna conversación que se pueda tener con tan especial ejemplar femenino como oyente.
Sin embargo, todo marchaba sobre aguas calmadas, todo fluía en muy buena dirección, el momento era perfecto y el sueño ya no era un sueño. Lo estaba viviendo en la experiencia más tangible, era una realidad y era mía, además, la estaba disfrutando.
Sin embargo, todo en la vida parece que debe tener su condimento agónico, pareciera que “En la vida lo fácil, no satisface”. Sin avisar, entra en escena la conciencia, sin previo aviso estableció el caos en mi psiquis, me jugo sucio y utilizo la moral como estrategia persuasiva.
En plena evolución apresurada de la raza humana, en pleno final de los tiempos modernos, cuando ya nada pareciera ser escandalizante, me atacan sin cuartel los recuerdos gratos de tiempos compartidos, con la dueña de mis promesas y compromisos… mi esposa…
¡La misma memoria que siempre me falla!, en especial en momentos críticos, esos momentos que ameritan agilidad y defensa verbal, ahí ella se presume lenta y ausente. Pero hoy no, hoy se refuerza en los recuerdos, en los más gratos recuerdos compartidos con mi amada e inocente esposa.
¡¿Que sería del mundo si no existiera la culpa?!, una pregunta con incierta respuesta. Si te fijas bien, por donde quiera que mires encuentras razones para juzgar y condenar a alguien, en cualquier rincón de esta sociedad existe una excusa para cuestionar a éste sistema social, ese mismo que nos permite marcar la diferencia, entre nosotros, como miembros lideres del reino animal... y los otros.
Y allí seguía ella, la hermosa doncella, presente, plena, dispuesta. Inocente. Simplemente siendo ella, sin falsas posturas, sin querer ocultar quien en realidad es; siendo ésta su cualidad más deslumbrante, la misma cualidad que la ubica inalcanzable, la hace más deseable. Siendo su inocencia, la que me cuestiona y me castiga, me envuelve en este juego complejo de dilemas constantes, entre avanzar y retroceder, jugar o abandonar, entre el placer y lo prohibido, entre engañar… o engañarme.
Se acaba el tiempo, todas las piezas están prestas a jugar, las reglas se suponen claras, las miradas ya hicieron lo suyo, solo falta una decisión, solo falta un paso, una palabra, un gesto. Todo ha sido perfecto, cada comentario, cada sonrisa, cada cumplido dado y aceptado ni antes ni después, cada detalle ha sido perfecto.
Solo un segundo que se torna eterno, dilata el juego con perspectiva cuadro a cuadro, de lo real, lo que pudiera ser y lo que será, deseando cambiar el pasado, deseando que el presente no afectara el futuro. Deseando, solo eso, deseando...
Vi en sus ojos la más amplia insinuación, como hablando con palabras en mayúsculas. Por un momento creí haber entendido lo que me gritaba su mirada...
Ahí estaba el gesto, la primera palabra, la mirada. Sobre mis hombros su vista. El gesto, una frívola sonrisa… y la palabra, cruel y directa, -Te presento... a mi esposo... Dirigiendo su atención al personaje que tras de mí, invadía la escena, se acercaba a nosotros y que solo un paso lo distanciaba de ésta historia, nuestra historia.
Me pregunto, nuevamente -¡¿qué sería del mundo si no existiera la culpa?!...
La jornada y la misión del día fueron cumplidas. La hermosa doncella de rubia cabellera, culmino nuestra historia, en un deseo que no dejó de ser solo eso, un deseo.
No me quejo. Quizás el cosmos se vuelva a equivocar y nos coloque frente a frente nuevamente y quizás la culpa ese día se ausente con la conciencia y formen un trío sexual con la moral. Evitando así que alguno de ellos pueda protegerme nuevamente y ocurra entonces lo indeseado...
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